La Puta y el Cura: Pasión Furtiva

Capitulo primero: Ha regresado

Año 2008

Adriano Tolomeo, párroco de la iglesia Santa Catalina de Madrid, ,adoptado por obreros., abandonado a las puertas de la misma iglesia que ahora regenta y de donde estos le acogieron.

Su vida no ha sido nada fácil, tras ser adoptado por la familia Montoso, la vida de estos cambio bruscamente.

De pequeño era alérgico a la leche, y el alimentarlo era caro, pero cuando se fue haciendo mas mayor, empezó a ayudar a su madre en la fabrica en la que ella trabajaba , su inteligencia ofreciendo nuevos ideas a la construcción haciendo prosperar al negocio sorprendió al mismísimo jefe de la fabrica el cual quiso que este se presentara allí todos los días para ofrecerle nuevas ideas, pero su madre se negó rotundamente, a pesar de el ruego del empresario esta no cambio de parecer, por lo que este la despidió sin pensarlo dos veces.

Al menos su padre, quien trabajaba de camarero, seguía en su puesto por el momento, sus superiores estaban satisfechos de su labor, por lo que la familia por el momento podía llegar a fin de mes.

La casa en la que vivían era humilde, suficientemente espaciosa para vivir los tres en la casa, dos dormitorios, un pequeño baño, un salón, y una estrecha cocina hacían que la casa fuera habitable.

Pero inesperadamente un día cambiaron las cosas, que complicaron el futuro de la familia; Adriano sufrió un accidente , un coche lo atropello y se dio a la fuga, tras el siniestro, la pierna izquierda empezó a fallarle, apenas tenia movibilidad, por lo que tuvieron que amputársela y le pusieron una nueva, pero no era lo mismo.

Al inicio de la adolescencia, ese defecto empezó a afectarle socialmente, ya que su pierna metálica le hicieron el hazmerreír de sus compañeros, y esto lo afecto sicológicamente de tal manera que intento suicidarse.

Ya cumplido los 17 años, se enamoro de una mujer, tal era el amor que la tenia, que bebía los vientos por ella, la alababa como si fuera una diosa, pero no se atrevía a decirla que la quería, que la quería con todas sus entrañas, con toda su alma, por lo que la razón de conquistarla lo motivo a seguir viviendo.

Estuvo pensando 500 días con sus respectivas noches en el momento en que sus ojos la volverían a ver, y el la declararía su amor eterno.

Pero llego aquel día, y el no encontraba el momento, intentaba acercarse a ella, pero siempre iba acompañada con sus amigas, cuando la encontró sola, ella al oír sus palabras amorosas lo rechazo y le negó calificándole de extraño y monstruoso.

Dejo de asistir al instituto, se escondió en su casa, y no volvió a salir, sus padres le animaron a que saliera a la calle, pero no hubo forma humana de que saliera de allí.

Un día cuando dormía, vio una luz resplandeciente por su ventana, blanca y pura, oyó palabras, creyéndolas divinas, al día siguiente salio de su cuarto y confeso a sus padres su nueva vocación : quería ser cura.

Exclamaciones, indignación por parte de ellos, no creían las palabras de su hijo quien los había dejado con la boca abierta, se negaron por completo, pero terminaron cediendo a las suplicas de su hijo.

Días mas tarde sus padres hablaron con el párroco de la iglesia y empezó en las misas como monaguillo, hizo el seminario, luego fue poco a poco ascendiendo en la iglesia, hasta la actualidad , ya ahora párroco de la iglesia.

Todos los días daba las misas, llevaba la contabilidad de la iglesia, y escuchaba a través de la ventanilla del confesionario los pecados de los demás, a veces se tapaba los oídos, intentado no escuchar, el no había vivido tales cosas, pero el se metió a cura, y no pensaba cambiar de opinión, por mucha excitación que le hicieran ciertas confesiones de algunos de sus feligreses.

Su vida era mucho mas tranquila y relajante, rezando ave marías por la iglesia, leyendo libros sagrados de la iglesia, aconsejando a el pueblo acerca de sus pecados

No echaría marcha atrás, aquella mujer le había destrozado el alma con su negativa, a pesar de años de abstinencia, no había logrado olvidarse de ella, de sus labios, de sus ojos, de su cuerpo, cada vez que se acordaba de aquello se azotaba con un látigo lastimando su cuerpo para que Dios lo perdonara, y maldecía el nombre de aquella mujer, lo maldecía una y mil veces, pero la vida tranquila que tenia, las noches al lado del fuego, las mañanas tranquilas desayunando con sus compadres curas terminarían tarde o temprano.

El no sabia, pero pronto pasaría algo que cambiaria su vida y a los de su alrededor.

Meses mas tarde, concretamente la noche anterior al jueves santo, varios cayucos llenos de extranjeros provenientes de África habían llegado a España, y varios de sus inmigrantes habitarían en Madrid una vez tuvieran sus papeles en regla; en esos cayucos había llegado un matrimonio español el cual se había ocupado de el cuidado de los extranjeros en el viaje. Algo muy extraño.

Los ciudadanos madrileños estaban hartos de que poco a poco , la población de otro países les comía terreno poco a poco, ocupando sus trabajos y sus derechos; eso no les gustaba nada.

Horas mas tarde, el joven cura se entero a oídos de la gente de la noticia, lo que hizo confirmar su presagio, la noche anterior había tenido un extraño sueño, en el que el se quemaba en carne viva dentro de la iglesia, las paredes temblaban como ha punto de derrumbarse, y mas tarde sus ojos quedaban ciegos sin que nada pudiera ver, mas tarde despertaría y encontraría en forma de señal el nombre de sus problemas, la razón por la que había terminado allí, la joven dulce y pura de la que se había enamorado, ¿Pero por que temía que se presentara allí?

Tiempo después de que el ingresara en el convento, la gente no volvió a verla por allí, incluso sus padres la daban por muerta, pero aquello no hizo que el siguiera con su vida.

Había rechazado su corazón, y eso ya le dolía lo bastante, años de sufrimiento por no haberla tenido entre sus brazos; en momentos como aquel, le gustaría tenerla a su lado, pero no tocarla, para dejarla pura como el la veía en realidad.

Un día llego a la iglesia, el cardenal Romero, y traía noticias de la casa Santa , lo que había visto le había dejado sorprendido, y mas tarde se había bañado en agua bendita, para purificar sus pecados y no caer en las tentativas de la dama que allí se había aparecido. Por lo que vio era una extravagante mujer , esta había intentado entrar en la casa Santa y robarle la Cruz de Caravaca al mismísimo Papa , la mujer decía que en su interior la cruz estaba repleta de rubís y zafiros.

Tolomeo lo recibió de la mejor de las maneras, e hizo un esfuerzo por no darle con la Biblia, ya que Romero había ascendido a Cardenal debido al ser pelota del Papa, y haber estado siempre de acuerdo en sus decisiones.

-Cardenal, bienvenida sea vuestra visita-dijo besándole la mano-no os esperábamos hasta mañana.

-Gracias por vuestro recibimiento- dijo contemplando el suelo de mármol- espero no haber llegado en mal momento

-En absoluto Cardenal, San Mateo me previno de vuestra visita en el desayuno- dijo mirando la Cruz de Cristo-¿qué buenas nuevas traéis?

-Esta mañana cuando salía de la Casa del Papa, mire al cielo, se avecinaba tormenta- dijo mirando las vidrieras de las ventanas y andando con parsimonia- luego me dirigí a levantar a nuestro Pontífice, la noche anterior se había quedado a rezar hasta altas horas de la madrugada.

-Sigue sin responder a mi pregunta Cardenal- dijo mirándole

-Espere, no tenga prisa, debo contárselo con calma, he venido a veros exclusivamente y me gustaría que me escucharais con paciencia.

-Será un honor- dijo con un reverencia

-Levántese, si he venido aquí es por que cuando me dirigí al cuarto de nuestro Pontífice Juan Emiliano V, me encontré con una desagradable sorpresa.

-Rumores oí en el alba...

-Le diré que cuando abrí la puerta de la recamara de nuestro señor Papa, me encontré en el interior de su dormitorio al mismísimo demonio- dijo abriendo los ojos con mucha sorpresa- la tentación personificada.

-Oh Cardenal, me contáis

-Es cierto

-¿Sabéis si aquello que encontrareis era un animal o una persona?

-Al encender la luz, me di cuenta de que...

-¡No!

-Deje terminar, una mujer, una mujer en la recamara de nuestro pontífice

-¿Y que hacia allí?

-Espere, no le conté aun todo el relato

-Mis oídos desesperan por oír el final- decía sorprendido el cura ante la sarta de mentiras que decía el Cardenal ¿Se había vuelto loco? ¿qué hacia una mujer en la recamara del Papa?

-Cuando encendí la luz, la mujer se tapo la cara, y se abalanzo a la cruz que nuestro Papa lleva colgada al cuello

-¿Y que paso?

-Intento quitársela, entonces yo empecé a pedir ayuda

-¿Y después?

-Empezó a mirarme con la cara de un lobo hambriento, decía que aquella cruz, la cruz de Caravaca, la cruz de Cristo, ...,Dios no entiendo

-¿Dígame que no entiende?

-Dijo que en su interior estaba llena de rubís y zafiros, entonces empezó a echar espuma por la boca, en grandes cantidades.

-¿Seguro que...?, asco me da, si verdad es.

-Cierto es, lo vi con estos ojos , si miento que me trague la tierra.

-¿qué paso?

-Nuestro Pontífice despertó

-¡Piedad, no me cuente el final!

-Deje de alucinar, déjeme que le cuente a que he venido, y déjeme que le cuente el final de este desagrable hecho.

-La muy zorra, dios perdone esta blasfemia, maldigo a nuestro Papa, y cuando salio de la Casa Santa, la gente no lo miraba- empezó a murmurar al oído del cura- dicen que ahora esta maldito a causa de esa mujer.

-Es irrelevante, no creo que una maldición de manos de una don nadie, asuste a la gente, tanto como para llegar a los extremos.

-No, lo peor es que esa mujer es muy conocida, ella junto a su marido llegaron a España, no hace mas un par de días, traían en los cayucos a los africanos que esta mañana llegaron a Madrid.

-¿Y dígame Cardenal ¿qué tengo que ver en esto?

-Rumores dicen que usted conoce a la mujer

-No conozco a ninguna mujer, no mas solamente a la Virgen Maria

-Claro que me extraño, ya que me explicaron mis superiores que usted es un gran devoto a la Iglesia

-Solo soy un siervo del Señor

-No para nada, usted es importante para nosotros, si vine a comentarle esta historia, es por razones altamente secretas- volvió a susurrar al oído- por lo que me gustaría que nuestra conversación siguiera en otra parte.

-Podríamos ir a los jardines, allí nadie nos oirá

El Cardenal se levanto del banco y acompaño a nuestro protagonista a hasta los jardines de la Iglesia, allí los dos se sentaron , para poder proseguir con la conversación, el cura cogio un cuenco y lo lleno de agua de la fuente ofreciéndoselo al Cardenal, este dio un sorbo, estaba seco tras la caminata, el cura miro al cielo viéndolo nublado, cierto era que se avecinaba mal tiempo.

-Razón llevaba, pronto lloverá

-Siempre acierto, soy como un clavo

-Dígame Cardenal ¿cuál era su propuesta?

-Se que es algo que le llevara su tiempo